Reconozco que no fui al concierto en un pos muy “pro-concierto”. Había comprado las entradas por sentirme en deuda con él. Después de todo lo que él me había ayudado, de lo que él había significado, ¡qué menos que comprar su cd y las entradas de su concierto!
Aunque nunca lo hubiera imaginado, IS se está volviendo mi pasado. Ahora estoy en otra fase, tal vez en una fase LR. Por eso fui al concierto fría, como si aquello no fuese conmigo.
IS salió y entonó las primeras canciones. El público estaba frío como yo, y poco a poco, como yo, se fue calentando de una manera que sólo IS sabe hacer, calentando el corazón. Pasé del pasotismo a cantar a viva voz desde la última fila del palacio. Me había crecido. Disfrutaba.
De repente la chica de delante se giró y me dijo: “Chica, más bajo, por favor”. Pero el tono en que lo dijo aniquiló el “por favor” y mis oídos tradujeron la frase como “Cállate o te mato”. Y me callé, me quedé fría de pronto, helada. IS cantó “La extraña pareja”, “La huida” y “No estarás sóla” y yo solo pensaba en aniquilar a la chica de delante. “Perdón, no sabía que estaba en el cine, creía estar en un concierto”. “Si ni quieres interferencias, quédate en casa con el cd”.
Poco a poco IS, sus letras, su voz, su música, empezaron a hacer efecto. Pero justo cuando estaba cogiendo el puntillo de nuevo el concierto acabó. Me quedé con una sensación ambigua, pero con varias cosas claras:
1) Sí, merecen la pena los 36€ de la entrada. El escenario, las canciones, IS (no voy a desvelar detalles).
2) Las nuevas canciones merecen ser escuchadas, interiorizadas.
3) Que sea la última vez que por alguien que no merece pierdo un momento que merece.
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