Anteayer unos pseudo agentes me multaron en la GranVía por no consumir.
“He consumido”- alegué mostrando la bolsa que sostenía en la mano.
“Entonces, le rebajaremos la sanción”- me dijo el agente.
Los pseudo agentes se manifestaban en contra de la consumición masiva de estas fechas… y razón no les faltaba… porque, ¡cuánto gasto tan innecesario hacemos!
Lo que más me llama la atención son los platos y platos que cocinamos y sacamos a la mesa, siendo conscientes de que no vamos a ser capaces de comernos todos… Pero en el tema de los regalos, los adornos… no sé que pensar… Me parece necesario hacer un esfuerzo para que los más peques crean en la magia. Se merecen su inocencia. ¡Pocas cosas valen más que una sonrisa o el brillo de los ojos de un niño!
Aunque hace tiempo que deje de creer que la navidad era un tiempo encantado en el que todos nos volvíamos buenos, y nada malo podía ocurrir, la navidad tiene muchas cosas de bueno. Nos hace detenernos de nuestro ajetreo diario y reunirnos con las personas que queremos. Nos hace recordar lo que verdaderamente es importante.
Es cierto que los grandes almacenes y los comercios se aprovechan de esto para hacernos comprar de todo y más. Compremos con conciencia. El mejor regalo no es el más caro. El mejor regalo es el que transmite un “Te quiero”, “Gracias”, “Te tengo presente”.
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